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Obligaciones
 
 

 

OBLIGACIONES

CONCEPTO: Según la clásica definición de Justiniano, la obligación es el vínculo jurídico que nos apremia o constriñe a pagar a otro alguna cosa.

Con mayor rigor científico, podemos decir que es el vínculo jurídico establecido entre dos personas (o grupos de personas), por el cual una de ellas puede exigir de la otra la entrega de una cosa o el cumplimiento de un servicio o de una abstención.

Toda obligación presenta, por tanto, un aspecto activo: un poder o facultad de exigir algo; y uno pasivo: un deber de dar, hacer o no hacer. La facultad y el deber son aspectos distintos de un concepto unitario, que es la obligación. Son el anverso y el reverso de una misma medalla, pues no se puede concebir crédito sin deuda y viceversa (art. 497 C.C.).

De lo dicho surge que toda obligación supone un sujeto activo o pretensor, llamado acreedor, y uno pasivo u obligado, llamado deudor; implica también la existencia de una cosa o conducta debida, denominada prestación.

Como los derechos reales o intelectuales, las obligaciones tienen carácter patrimonial, si bien están separadas de ellos por profundas diferencias. Este carácter patrimonial permite distinguir claramente estos derechos de otros también personales, pero que no tienen esa naturaleza; tal como los derechos de familia, los llamados derechos personalísimos o de la personalidad.-

DEUDA Y RESPONSABILIDAD.- La distinción entre deuda y responsabilidad ha dado origen a una interesante cuestión doctrinaria, cuyo conocimiento interesa como vía para adentrarse en la naturaleza de la obligación. La deuda es el puro débito, consistente en la promesa de dar, hacer o no hacer; la responsabilidad, en cambio, es el sometimiento del deudor al poder coactivo del acreedor para que éste pueda procurarse, según los casos, ya sea el verdadero cumplimiento de la obligación, ya sea la reparación por el incumplimiento. . La responsabilidad se hace efectiva después que el deudor ha incurrido en incumplimiento de su deuda.

EXTINCIÓN DE LAS OBLIGACIONES.-

El art. 724 C.C., dice que las obligaciones se extinguen: a) por el pago; b) por la novación; c) por la compensación; d) por la transacción; e) por la confusión; f) por la renuncia de los derechos del acreedor; g) por la remisión de la deuda; h) por la imposibilidad del pago.

A estos modos enumerados por el artículo citado pueden agregarse: a) el cumplimiento de la condición y el plazo resolutorio; b) la muerte o incapacidad del deudor cuando se trata de obligaciones intuitu personae, vale decir, que no se transmiten a los herederos;

 

DACION EN PAGO.-

CONCEPTO.- El pago supone la entrega al acreedor de la misma cosa o prestación a que el deudor se obligó. Es el cumplimiento exacto de lo debido. Pero puede ocurrir que interese a ambas partes la entrega de una cosa distinta de la prometida. Ningún inconveniente hay en que el acreedor acepte una prestación diferente, quedando con esa entrega extinguida su obligación. Es esto lo que se llama dación en pago.

REQUISITOS.- Para que haya dación en pago deben estar reunidos los siguientes requisitos:
a) Una obligación preexistente que se extinga por efecto de la dación en pago, requisito sin el cual ésta sería un pago indebido.
b) La entrega efectiva y actual de una cosa distinta de la debida. No basta la simple promesa de pagar otra cosa, aunque esa promesa sea aceptada como modo de extinción anterior. Eso sería novación.
El art. 779 C.C, agrega que la cosa entregada no debe consistir en una suma de dinero. Es un requisito insólito, no exigido en la legislación comparada. Porque no hay duda que ningún inconveniente existe en liberarse de una obligación dando una suma de dinero, cuando se ha prometido una cosa o una prestación de servicios. GALLI, luego de reconocer que esta convención es perfectamente posible, dice en defensa de la disposición del art. 779 Que ese acuerdo, aunque legítimo, no constituiría la figura jurídica de la dación en pago  . Pero es obvio que tendría sentido distinguir ambas convenciones, si de tal distinción resultara la aplicación de un régimen legal diferente; pero como ése no es nuestro caso, carece de sentido hacerlo.
c) El consentimiento del acreedor; en tanto el pago puede hacerse aun contra la voluntad del acreedor que está obligado a recibirlo, la dación en pago requiere indispensablemente su conformidad.

NOVACION.-
CONCEPTO.- Hay novación cuando el acreedor y el deudor dan por extinguida una obligación pendiente y convienen en sustituirla por una nueva obligación. Esta nueva obligación nacida de la novación es la condición de la extinción de la anterior. La extinción de la obligación primitiva no sólo es el efecto, sino también la causa de la nueva obligación; la característica de esta unidad compleja "creación-extinción", es, dice SANCHO REBULLIDA, la mutua interpendencia causal: se extingue la obligación primitiva porque nace otra nueva; nace una obligación nueva para extinguir la anterior y ocupar su sitio.

TRANSACCIÓN.-

CONCEPTO.- La transacción es el acto en virtud del cual las partes, haciéndose concesiones recíprocas, extinguen obligaciones litigiosas o dudosas (art. 832,C.C.). He aquí un ejemplo: un médico demanda a su cliente por pago de $ 10.000; el demandado sostiene deber solamente $ 1.000; durante el trámite del pleito llegan a una transacción, por la cual se fijan los honorarios en $ 5.000. El médico ha cedido parte de los honorarios a que se creía con derecho para asegurarse el cobro inmediato de $ 5.000; el cliente paga más de lo que cree adeudar para no verse en el riesgo de ser condenado a una suma mayor.

Adviértese que lo que se extingue no es toda la obligación que ha estado en juego en la transacción; una parte de ella sigue vigente. En el ejemplo dado sigue vigente la obligación de pagar $ 5.000. En cambio, se ha extinguido el derecho eventual del médico de cobrar los restantes $ 5.000. Es decir, se trata de una renuncia parcial de derechos a cambio de conseguir su reconocimiento o su pago inmediato.

REQUISITOS.- Para que la transacción esté configurada es preciso:
a) Que haya acuerdo de voluntades.
b) Que las partes se hagan concesiones recíprocas, es decir, que cedan parte de sus pretensiones a cambio de que se les asegure el carácter definitivo de las restantes o su cumplimiento inmediato o a breve plazo. Por falta de este requisito de reciprocidad se ha considerado que no hay transacción cuando una de las partes se allana al cumplimiento de una obligación, concediendo la otra facilidades de pago ; pues es obvio que allanarse no es hacer una concesión, sino avenirse a cumplir lo que se debe. Pero no es necesario que las concesiones o sacrificios sean de igual valor. El propósito de evitar un largo pleito puede justificar el abandono de importantes derechos
c) Que por estas concesiones se extingan obligaciones litigiosas o dudosas. Obligación litigiosa es la que está sujeta a juicio; no tan preciso es el concepto de obligación dudosa. Debe considerarse tal toda obligación sobre cuya legitimidad y exigibilidad exista duda en el espíritu de las partes, quizá profanas en Derecho, aunque ella no fuera posible entre peritos o especialistas  . Se trata, pues, de una duda subjetiva, no objetiva. La duda puede resultar no solamente de la incertidumbre acerca de la legitimidad misma del pretendido crédito, sino también de la dificultad para probar el título de la deuda, el monto de los daños sufridos, etcétera. Solamente no podrían transarse aquellas obligaciones cuya existencia y monto no son discutidos por el deudor.

La circunstancia de que no sea posible calificar de transacción a un convenio celebrado entre las partes para extinguir obligaciones recíprocas por falta de alguno de estos requisitos, no significa que ese convenio no sea válido. Lo es, en virtud del principio de la autonomía de la voluntad; pero dejan de serle aplicables las disposiciones específicas de la transacción.-

RENUNCIA.-

NOCIÓN.- La renuncia es la declaración de voluntad por la cual una persona abandona un derecho y lo da por extinguido.

Aunque la idea en sí misma es clara, la institución es compleja y proteiforme; a veces la renuncia es el resultado de una transacción en la que el que la hace especula con recibir algo en cambio; otras veces, está inspirada en móviles puramente egoístas, como la renuncia a una herencia cargada de deudas; otras, en fin, tiene un propósito de liberalidad. Además, tiene por objeto los derechos más variados. Todo ello le comunica una naturaleza difícil de precisar, como hemos de verlo al tratar de sus diferencias con la donación.

DERECHOS QUE PUEDEN SER OBJETO DE ELLA.- Según el art. 872 , C.C., pueden renuciarse todos los derechos establecidos en el interés particular del renunciante, pero no los concedidos teniendo en mira más que los intereses particulares, los de orden público. Es necesario precisar este concepto.

En materia patrimonial, la regla es que pueden renunciarse todos los derechos, sean reales, personales o intelectuales. Por excepción, hay algunos que no pueden renunciarse: el derecho a una herencia futura (arts. 848 y 1175), los alimentos futuros (art. 374), la mayor parte de los beneficios establecidos en la legislación obrera (indemnización de accidentes del trabajo, por maternidad, por despido y preaviso, etc.), el derecho de los profesionales de cobrar la retribución mínima que marcan los aranceles legales, el derecho de invocar la prescripción futura (art. 3965).

En el ámbito del derecho de familia, el principio es que los derechos son irrenunciables. Así, no podría renunciarse a la patria potestad, ni a los derechos que integran su contenido, ni a los derechos que emanan de la relación matrimonial, ni al estado de familia. En cambio, la tutela y la curatela pueden renunciarse, aunque no libremente, pues la excusación debe fundarse en un motivo que sea considerado admisible por el juez (art. 455, inc. 1º; véase Tratado de Derecho Civil, Familia, t. 2, nº 1153, j).

ESPECIES.- La renuncia puede ser gratuita u onerosa; en el primer caso se trata de una liberalidad; en el segundo, la renuncia se hace a cambio de algo que ofrece o da el otro contratante.

Puede hacerse por actos entre vivos (vale decir, por contrato o por declaración unilateral de voluntad) o por testamento.

CARACTERES.- La renuncia tiene los siguientes caracteres:
a) Puede ser un acto unilateral o bilateral. Es indiscutiblemente unilateral si ha sido hecha por testamento; es evidentemente bilateral si es onerosa. Pero se discute si la renuncia gratuita por actos entre vivos tiene uno u otro carácter. Algunos autores sostienen que para que la renuncia quede perfeccionada, es indispensable la aceptación del beneficiario  ; esta tesis parece tener un fuerte apoyo en el art. 868, según el cual hecha y aceptada la renuncia, la obligación queda extinguida. Es claro, sin embargo, que el único efecto de la aceptación es impedir su retractación; pero en verdad, ella produce todas sus consecuencias jurídicas sin necesidad de aceptación. La prueba es que la retractación hecha antes de la aceptación, no tiene efectos respecto de terceros que han adquirido derechos como consecuencia de la renuncia (art. 875). Pensamos, pues, que se trata de un acto unilateral  . Y, desde luego, si la cuestión puede haber originado vacilaciones en materia de obligaciones, no cabe duda que la renuncia de un derecho real no exige la aceptación de nadie.

b) No está sujeta a formalidades (art. 873).

c) Es de interpretación restrictiva

REMISIÓN DE DEUDA.-

CONCEPTO Y NATURALEZA.- La remisión de deudas no es otra cosa que la renuncia de una obligación. En suma, es un concepto más circunscripto que el de renuncia; mientras ésta se refiere a toda clase de derechos, la remisión se vincula exclusivamente con los derechos creditorios. Lo que significa que tratándose de obligaciones, remisión de deuda y renuncia son conceptos sinónimos  ; y por ello se le aplican las mismas disposiciones legales (art. 876).
Aunque es claro que en nuestro derecho positivo la remisión de deuda tanto puede ser a título gratuito como oneroso (puesto que se declara expresamente aplicable a ella lo dispuesto en los arts. 869 y 871, que se refieren a supuestos de renuncia onerosa), creemos que hubiera sido más apropiado reservar el nombre de remisión de deudas a la renuncia gratuita de un derecho creditorio. Así lo estableció el Anteproyecto de BIBILONI, art. 1240, y el Proyecto de 1936, art. 70.

FORMAS.- La remisión de deuda puede hacerse en forma expresa o tácita:
a) Habrá remisión expresa cuando el acreedor manifiesta su voluntad de renunciar en forma verbal o escrita o por signos inequívocos. La ley no exige ninguna formalidad para hacer una remisión expresa, aunque la deuda original conste en instrumento público (art. 885).
b) Habrá remisión tácita cuando el acreedor entregue voluntariamente al deudor el documento original en que constare la deuda (art. 877). Es ésta una forma típica y muy frecuente de desobligar al deudor, cuyo estudio debe ser hecho con detenimiento.

CONDICIONES PARA QUE SE TENGA POR OPERADA LA REMISIÓN DE DEUDA POR ENTREGA DE DOCUMENTO.- Para que la extinción de la deuda se tenga por operada, es necesario que se cumplan las siguientes condiciones, exigidas por el art. 877,C.C.

a) Que el documento entregado sea el contrato original; si se trata de una copia, simple o legalizada por escribano público, no funciona la presunción legal y es a cargo del deudor la prueba de que hubo realmente remisión de deuda (art. 879).
b) Que la entrega sea voluntaria; si el que lo entregó demuestra que lo hizo forzado por la violencia o inducido por el dolo del deudor, no hay remisión; pero la posesión del documento por el deudor hace presumir que la entrega fue voluntaria, corriendo por cuenta del acreedor la prueba de que no fue así (art. 878 C.C.).
c) Que la entrega haya sido hecha por el acreedor al deudor; si fue entregado a una tercera persona, no hay remisión. Naturalmente, queda equiparado al acreedor, su representante con poder suficiente para hacer renuncia de sus derechos; y al deudor, su representante legal o convencional con poder suficiente para administrar los bienes.

Cabe notar, por último, que el deudor podría alegar que ostenta la posesión del documento no en virtud de una remisión de deuda, sino por haber pagado la obligación (art. 877, Ibidem, in fine); ello puede tener para él la mayor importancia, pues transforma un acto gratuito en oneroso, haciendo más seguros sus derechos.

COMPENSACIÓN.-

CONCEPTO.- Hay compensación cuando dos personas por derecho propio, reúnen la calidad de acreedor y deudor, recíprocamente, cualesquiera sean las causas de una y otra deuda. Ella extingue con fuerza de pago las dos deudas, hasta donde alcance la menor, desde el tiempo en que ambas comenzaron a coexistir (art. 818)

La utilidad de la compensación como medio extintivo de las obligaciones es evidente. Elimina la necesidad de un doble cumplimiento, con el consiguiente transporte de numerario o de cosas fungibles, y los gastos y molestias consiguientes. Sirve de garantía a las personas que, teniendo créditos y deudas recíprocas con otras, no se verán expuestas, luego de haber pagado, al riesgo de no recibir lo que les corresponde. No es extraño, pues, que este medio extintivo desempeñe un papel de primer orden en la vida comercial. Frecuentísimo en las relaciones entre particulares, asume especial significación en las operaciones bancarias, en donde los clearings compensan diariamente millares de operaciones de los clientes de los bancos, sin necesidad de movilizar dinero, que de otra manera sería indispensable. Análoga importancia tiene en el comercio internacional, en donde la mayor parte de las operaciones de importación y exportación se hacen en base a compensaciones.

DIVERSAS CLASES DE COMPENSACIÓN.- Se distinguen en doctrina diversas clases de compensación:

a) La compensación legal, que es la definida por el artículo 818 en los términos que hemos transcripto en el párrafo anterior. Es la forma típica y la que mayor importancia práctica tiene.
Pero cabe agregar que hay todavía otra forma de compensación legal, además de la configurada en el art. 818; en algunos casos particulares, la ley declara extinguidas las obligaciones recíprocas aunque ellas no sean líquidas y sin permitir la prueba de que una era más importante que otra. Así, cuando como consecuencia de una demanda de nulidad las partes deben restituirse recíprocamente sumas de dinero o cosas productoras de frutos, los intereses y los frutos devengados hasta el momento de la demanda se compensan entre sí (art. 1053); de igual modo, el art. 1383 establece que si como consecuencia del pacto de retroventa el vendedor recupera la cosa vendida, los frutos de la cosa se compensan con los intereses del precio.

b) La compensación voluntaria es la que las partes acuerdan libremente por contrato. De más está decir que aquí no se requiere otra cosa que el acuerdo de voluntades y que no interesa ni el monto de las deudas ni su liquidez o fungibilidad. Nada se opondría a que dos personas compensaran la obligación de prestar un servicio con la de pagar una suma de dinero. Juega aquí libremente el principio de la autonomía de la voluntad.

c) La compensación judicial es la decretada por el juez en razón de que, por efecto de la sentencia, han quedado convertidas en líquidas y exigibles ambas obligaciones. Así, por ejemplo, la sentencia reconoce que, por distintas causas, A debe a B $ 10.000; y que, por otras causas, B debe a A $ 15.000; el juez declara compensadas ambas deudas hasta el límite de la menor y condena a B a pagarle a A $ 5.000.

d) Por último, hay compensación facultativa cuando una sola de las partes puede oponer la compensación, no así la otra. Ejemplo: A tiene contra B un crédito por alimentos; B tiene contra A uno por daños y perjuicios. B no puede invocar la compensación, pero sí podría hacerlo A. Lo mismo ocurre si A tiene contra B un crédito sometido a plazo, en tanto que B tiene contra A una deuda exigible; B puede oponer la compensación, no así A.

CONFUSIÓN.-

CONCEPTO Y NATURALEZA.- Hay confusión cuando se reúne en una misma persona la calidad de acreedor y de deudor. En tal caso, dice el art. 862 la deuda se extingue con todos sus accesorios. Puesto que el ordenamiento jurídico, dice LARENZ, sólo regula las relaciones de los hombres entre sí y los derechos de crédito entre personas que se contraponen como acreedor y deudor, allí donde no entre en juego más que una persona no existe fundamento suficiente para mantener la validez de la relación obligatoria  .

Pero no sólo es necesario que se reúna en una misma persona la calidad de acreedor y de deudor; es indispensable también que el crédito y la deuda pertenezcan a la misma masa patrimonial; en efecto, si la persona tiene dos patrimonios distintos y el crédito y la deuda pertenecen a cada uno de ellos, no hay confusión  . Ello debe ser así porque en este caso juega el interés de terceros en impedir la confusión. En efecto, la existencia de patrimonios separados no es otra cosa que el reconocimiento de la existencia de masas patrimoniales distintas, cada una de las cuales representa objetos separados de responsabilidad para los acreedores. Si se admitiera la confusión de créditos y deudas pertenecientes a distintos patrimonios, se sustraerían a la acción de ciertos acreedores bienes que están específicamente destinados a responder por sus créditos  . Esto explica por qué no se produce confusión en el caso de aceptación de la herencia con beneficio de inventario (art. 863).
Se discute si éste es realmente un medio de extinción de las obligaciones o si se trata nada más de una situación de hecho que paraliza la posibilidad de ejercer las acciones. En efecto, si la confusión cesa por un acontecimiento posterior que vuelve a separar la calidad de acreedor y deudor, la obligación primitiva revive con todos sus accesorios (art. 867). Parece, pues, más bien una paralización de la acción que un medio extintivo  .

IMPOSIBILIDAD DE PAGO.-

CONCEPTO.- Puede ocurrir que la obligación contraída se vuelva de cumplimiento imposible. En tal caso, hay que hacer la siguiente distinción: a) Si se ha hecho imposible por culpa del deudor o si éste hubiera tomado sobre sí el caso fortuito o la fuerza mayor, la obligación se resuelve en el pago de daños y perjuicios; b) Si se ha hecho de cumplimiento imposible sin culpa del deudor, la obligación se extingue (art. 888). En este caso es, pues, un hecho extintivo de las obligaciones.

La imposibilidad puede derivar de un acontecimiento físico (tal como el rayo que destruye la cosa prometida, la enfermedad que priva de la vista al escultor que debía realizar un trabajo); o puede provenir de un hecho del propio acreedor o de un tercero (por ejemplo, si alguien roba la cosa que debía ser entregada); o de una razón legal (como sería la expropiación de la casa prometida en venta o la prohibición de exportar la mercadería vendida al exterior).

 
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